La gente, dividiendo, me llevó a la creación de mi lengua personal.
Determiné sus normas e inauguré su Academia. Hablaba en bares, fiestas o plazas donde me atendían sin comprender. Aclaraba dudas y entregaba una edición rústica de mi diccionario breve, que guardaban por un rato.
En mi ático era la lengua oficial. Los textos e imágenes que circulasen por él o su espacio aéreo, deberían contener una versión en ella, así que obstruí transmisiones, antenas y cables que surcaban la terracita negándose a traducir su contenido.
Comandos lingüistas de la policía local me recluyeron en una celda remota donde inútilmente pedí un intérprete o que no quemasen los diccionarios. Conté las rayas de mi colchoneta, después los barrotes, luego los días hasta la liberación.
Esperé en la duna frente a la prisión el paso de la caravana datilera de otoño. Me uní sin preguntas, solo quería sumar.

5 comentarios:
Difícil elección la de sumar o dividir. Y más aún la de unirse sin hacer preguntas.
Batalla perdida esta que tengo contigo... malgrat tot, que bé que escrius, boludo! ;)
Pues me sumo aunque la mayoría de veces estar conmigo sea multiplicar por cero.
Salu2
Una joyita más en la suma de tus rojas pisadas.
:)
Si no supiera de tu existencia, juraría que eres el alter ego de una tal Indianing.... pero sólo es cuestión de apariencias. Deteniendo un poco la mirada, está claro que eres Ruffus.
Enhorabuena por tu incursión en el ciberespacio. Suerte! Mo
¡La que faltaba, Mô! Jajaja! ¿Mi alter ego? jajaja, menudo insulto, nena! ;)
Sí, sólo es cuestión de apariencias, nada más, sabes bien que estos relatos han estado presentes hasta en nuestras cenas Follwigs. Por cierto, que se avecina asadito gaucho :P
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