El sonido del móvil lo despertó. El mensaje era inequívoco: debía abandonar la casa pues lo estaban buscando. Se aprovisionó de una caja de parches y las grageas que estaban sobre la mesa y salió a la noche de una ciudad solitaria y fría. En la calle solo deambulaban desconfiados personajes al amparo de las sombras. Cruzó hacia donde había una esclusa de la D6[i] cuando oyó un patrullero que llegaba, se aseguró que no estaba visible y desde allí presenció como varios agentes de la policía industrial y oficiales del MPPA[ii] ingresaban a su casa forzando la puerta.
Todavía no amanecía pero por suerte ya estaba abierta la boca del metro de la estación Fuentes Públicas y se lanzó escaleras abajo sin mirar atrás, hasta llegar a la oscuridad de los túneles también utilizados para el paso de la red hídrica.
Podría estar unos minutos allí hasta que comenzaran a circular los trenes, mientras recuperaba el ritmo de su respiración y se preguntaba sobre la tarea conjunta de la gente del Ministerio con la policía. Evidentemente no solo se dedicaban al sistema de aguas sino que además investigaban y perseguían a quienes cuestionaran el sistema. Pero ¿porqué a él?
No había tiempo para más, oía el aproximarse de un tren y debía desplazarse todo lo posible para llegar a las afueras de la ciudad y allí buscar protección entre marginales y excluídos. Para ello lo mejor sería seguir el recorrido de las cañerías menos vigiladas que llevaban el líquido para reprocesar como las RAC2[iii] o RAC3, que las que lo traían para concentrar en grageas desde su lugar de elaboración al centro de la ciudad.
Al poco tiempo de seguir ese conducto se separó del túnel del metro siguiendo uno propio de la red, por lo que no debió preocuparse ya por los trenes sino básicamente por lo problemas derivados de la intensa oscuridad reinante, hasta que agotado se detuvo y se sentó a descansar. Cuando recupero el aliento pensó en alimentarse y se adhirió uno de los parches de estofado de ternera –único sabor de las veinte cajas que había conseguido en las rebajas-, no tardando mucho en dormirse. En ese estado apareció la imagen de la laguna aunque, posiblemente por la incomodidad, no alcanzó a ver a la joven del muelle.
Cuando salió de la soñolencia, repasó lo que sería su camino hacia las zonas rurales y estimando que había transcurrido la luz del día, se aprestó a salir a la superficie retomando la trayectoria del RAC2 que sería la ruta más directa.
Emergió a la calle en la esquina de Torrentes y Rambla de las Batallas Navales, con tal mala suerte, que la alcantarilla elegida estaba sobre la vereda de un bar en el que dos policías tomaban una cerveza, que con evidente molestia dejaron, para esposarlo y conducirlo a la seccional pertinente.

3 comentarios:
No he tenido tiempo estos días para casi nada (relacionado con internet) así que te comento por todos los post en los que no lo he hecho, admirando como siempre tus pinturas y alabando tus relatos.
A ver si mañana podemos quedar (hoy merendé con Doña Pérfida.
Hablamos. Besos.
Qué: ¿cotorreando a mis espaldas? Haré la vista gorda, pasaré por alto tan burdo mote y, va, aceptaré una merienda el viernes, como despedida de madamme y monsieur M.
Madame Mô
Qué: ¿cotorreando a mis espaldas? Haré la vista gorda, pasaré por alto tan burdo mote y, va, aceptaré una merienda el viernes, como despedida de madamme y monsieur M.
Madame Mô
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