lunes, 4 de febrero de 2008

Consumidores

Ayer, después de mucho tiempo, fui a la cancha, a uno de los mayores estadios. Confieso que un poco sabía lo que me iba a encontrar, pero lo que no sabía era lo que faltaría.
Generalizando, me topé con una masiva concurrencia de consumidores, desde empresarios, propietarios de jugadores, del juego o de su transmisión, hasta los espectadores, los propios jugadores, miles de empleados de servicios o despreocupados turistas y curiosas amas de casa, todos cumpliendo su rol.
Los ricos, famosos o poderosos en su palco, los que desempeñaban el prolijo papel de hinchada visitante en su sitio allá arriba y después, montones de personas vestidas como para ir a la cancha, es decir con la indumentaria que se espera deba consumir quién va a ese sitio, incluso utilizando una terminología, una pose, menos formal mas relajada que la habitual.
Sesenta mil personas que van a trabajar, a ver y a ser vistos, ensayando en el viaje escrupulosos cánticos con alguna música importada de la TV. Explotados, con uniformes varios y sin él, tratando de hacer su noche. Todo rigurosamente programado para ser emitido al resto de consumidores que se quedó en los bares, en su casa o al otro lado del mundo.
En cambio no me encontré con el hincha espontáneo, vestido como lo estuvo en los últimos días, que no va al lugar para que lo vean sino porque es parte de una expresión popular, que con su genio improvisado encuentra la reacción justa en el acceso, en la tribuna. Ese lumpen que llega y se va caminando de la cancha. Fracaso para las multinacionales que no logran venderle las zapatillas del crack y que si tiene una moneda la destinará, a lo sumo, a un bocadillo plato único de la noche.
En síntesis, un espectáculo de teatro en el que una parte de los artistas, los jugadores, carecen de libreto debiéndose nutrir de la espontaneidad, improvisación y genio que baja de las tribunas. Acertaron, el fútbol tampoco estuvo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, bueno, el fútbol tal vez no, pero el resultado (que al fin y al cabo es lo que cuenta) sí.
Por cierto ¿no te encontraste en el autocar a Sisco?
Y que no me entere de que te vas a desayunar estos días con la de arriba, mientras yo estoy presa entre cuatro paredes con olor a croissant.

Anónimo dijo...

Con la de arriba hay una relación de incontinencia que me atraviesa el techo.-

Lúzbel Guerrero dijo...

¿a que vió al Barça?

Anónimo dijo...

En realidad estuve ahí, pero no lo vi.

Anónimo dijo...

Es curioso, cuando estás no ves, y en cambio ves mucho cuando no estás.
Un advertencia: en breve tu edificio se verá inundado por un tiramisú gigante con vida propia.