Una noche de verano en una isla del Mediterráneo se reunieron las autoridades con competencia sobre los océanos y las almas, ante el creciente número de botellas en el mar con pedidos de auxilio, mensajes, deseos y sueños varios; a fin de redactar el presente Convenio destinado a regular la actividad y retribución de los rescatadores de botellas.
CAPITULO I
Se determinan las siguientes categorías:
a) Avistador, Sujeto de cualquier sexo, con poca ropa, por lo general raída, que camina por la playa o por las rocas sin futuro y sin presente, que levanta la mirada de tanto en tanto y que por medio de sus ojos llorosos ve o cree ver una botella en el mar.
b) Rescatador de a pié; Sujeto similar al anterior –o el mismo-, que puede también estar frente a una ventana en una cabaña sobre las dunas y que, luego de avistar o notificado por un avistador, se conduce de una de las siguientes formas: 1/ Espera que la botella sea expulsada por las olas a la playa, corriendo por su cuenta el riesgo de rotura o 2/ Se introduce a buscarla sin dejar de hacer pie ni utilizar navío alguno, en cuyo caso encuadraría en el siguiente ítem.
c) Rescatador en navío, Se entiende por navío todo objeto que flote y se pueda dirigir, tripulado por una sola persona –caso contrario se aplicará el Convenio de Marinería-, con el único objeto de rescatar botellas en el mar. Solo podrá auxiliarse de un palo de 1,20 metros de longitud, con un aro de alambre y red en el extremo opuesto al rescatador.
d) Almirante de sueños; persona o ente con muchísimo poder, que puede hacer que se olviden sueños o deseos y hacer nacer otros, siempre placenteros. Único autorizado a determinar el hundimiento de botellas, y jerarquía máxima del escalafón al cual los mencionados anteriormente deben obediencia en caso de aparecer durante un rescate o avistamiento, ya sea con su uniforme tradicional o bajo la apariencia de Neptuno.
CAPITULO II
El mencionado personal percibirá la siguiente paga por sus servicios:
a) Será partícipe en el sueño o deseo del arrojador/a.
b) En los casos de cuantías económicas, le corresponderá el 50 % de lo obtenido, facultándose -en caso de mensajes de náufragos-, a realizar visitas previas al tenido por viuda/o, a fin de verificar el estado del patrimonio.
c) Una vez extraído el mensaje podrá comercializar la botella en cuestión, acreditándose su importe previa deducción de los porcentajes correspondientes a la Hacienda Pública
d) Deberá archivar copia de los mensajes escritos y CD de los deseos verbales, debiéndose en este caso abrir la botella provisto de la tecnología suficiente para evitar pérdidas de deseos, debiendo presuponer que una botella cerrada y sin carta visible contiene un mensaje verbal.
CAPITULO III
Especialmente se prohíbe:
1.- Cualquier acuerdo entre el/la lanzador del mensaje y el personal objeto del presente, con el objeto de revestir de un áurea mágica una relación –económica, afectiva o trascendental-, ya existente al momento de lanzar la botella.
2.- Rescatar botellas de plástico o de gaseosas de cualquier tipo.
3.- Pretender remuneración por botellas encontradas en la playa durante el período de vacaciones del rescatador.
4.- Arrojar botellas para simular rescates y engrosar ficticiamente la cotización a la S. Social.
Cuando el personal objeto de este Convenio no se sienta motivado ante la presencia de una botella en la arena, sin límite de edad alguno, podrá solicitar su jubilación. A tal fin introducirá el formulario de baja y una foto pequeña en una botella de cava Brut Nature y la arrojará con fuerza al mar una noche de tormenta. A vuelta de botella, recibirá el carné respectivo con el importe de la primera mensualidad.
Sin perjuicio del aspecto económico, le corresponderá en el acto la jubilación, si rescatase una botella con un mensaje en el cual el propio rescatador fuere objeto de los sueños de él o la arrojadora, facilitando la S Social la realización de las promesas del texto o mensaje verbal.
Advirtiéndose que el personal ya pensionado continúa paseándose por las playas oteando el horizonte en razón de haber llevado toda una vida en dicha actitud, se otorga el derecho a rescatar una botellita de tanto en tanto, evitándose así desnaturalizar esta profesión de hombres de mar y poder así transmitirla, cual un mensaje, a sus hijos.-

3 comentarios:
Las normas nunca me han ido demasiado. Tan sólo he tirado una botella al mar con un mensaje de amor dentro. He dejado libros abandonados en bancos de parques y cafeterías de mi ciudad y nunca he tenido respuesta, aunque tampoco la he esperado en ningún caso.
Me encantaría encontrar una de ellas venida de otro mundo y...
Besos,
HLA RAUL SIGE soñano surte maria
Se supone que un convenio colectivo se pacta entre patronal y sindicatos.
Entonces no me cuadra eso de... ropas raídas..., sin presente ni futuro... y que se les pida que hagan copia en CD.
Habrá que cambiar de sindicato, mola más el sindicato de Simples Paseantes Por la Orilla (no cotillas).
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