sábado, 2 de febrero de 2008

Documento uno





Terminó de freír los calamares y con solvencia, sin darse vuelta con un golpe de muñeca, volcó el aceite de la paella dentro de una lata de melocotones que había reservado sobre la encimera. Hizo entonces un gesto al niño que esperaba asomado desde el callejón por la puerta trasera de la taberna quién recibió el envío con el respeto que se toma la antorcha olímpica y esquivando decenas de cajas apiladas y alguna que otra rata asombrada, comenzó la nocturna recorrida por las callecitas sin vereda. Sus pasos presurosos marcaron la angostura de la escalera y cuando llegó al piso, el aceite casi frío aun mantenía el olor a calamar, pero sin esperar, lo vertí cuidadosamente en el depósito, cerrando después con la tapa de rosca cromada y limpiando con un trapo las pequeñas salpicaduras de los alrededores. Repasé también, el tanque de combustible, el filtro de virus, el teclado y el parabrisas, que tenía un curioso parecido a un viejo monitor, quedando el conjunto unificado con un humilde barniz mate. El enjambre de cables indisolublemente unido a las pelusas de la sala fue encontrando su razón de ser. Traté de lograr una mejor visibilidad y accioné sin éxito el sapito. Probé luego el encendido pero con la primera patada no tuve suerte, una nube de humo se instaló en la habitación, perdurando sus efectos aun durante la navidad de ese año. Me afirmé nuevamente sobre el asiento que alguna vez fuera de cuero lustroso y que en ese instante lucía las amenazadoras puntas de resortes ansiosos y la volví a patear. Otra densa humareda, pero esta vez comenzó a escucharse el suave ronroneo del motor que regulaba acompasadamente.
Los indicadores parecían funcionar. Quité el aceite de las gafas, miré al frente y entre el polvo, las salpicaduras y el humo negro que dificultaban la visión, en la parte superior de parabrisas alcanzaba a leer: "documento uno". Había puesto en marcha el ordenador.

6 comentarios:

Mandarina azul dijo...

Qué extraño, Ruffus. Porque los textos que salen de tu ordenador, más que a calamares, saben a gloria. ;)

Anónimo dijo...

Llevo mucho tiempo diciéndote que tu ordenador me pone de los nervios. Será el spam, los virus, el encantamiento o las hormigas que corren por tu línea telefónica, pero habría que hacer algo más con él que untarlo con aceite.

Anónimo dijo...

Si, ahora que me lo decís creo que algo se está apoderando de algunas piezas del mismo. Intentaré regularizarlo con unguentos y masajes. Si no sabes nada de mi en dos días, derrumba la puerta y entra en mi casa.

Anónimo dijo...

De acuerdo, le diré a Mô que esté al tanto y pegue la oreja al frío suelo. Aunque dudo que seas capaz de perderte el cenorrio del viernes.

Lúzbel Guerrero dijo...

O sea ¿que ya pasa olímpicamente de su ordenador de querosén?; yo entiendo la importancia de las energías alternativas, pero desde ya le digo que en tests realizados por científicos neocelandesesy japoneses, el coeficiente de contaminación de los gases de fritura de calamares (a veces con trazas de churros) es muy elevado.¿ No ha pensado en utilizar la energía eólica ahora que amenaza tormenta eclesiástica?.

Anónimo dijo...

¡Qué cosas dices, Luzbel! Está comprobado que el aceite de refreir cefalópodos es indispensable para el buen funcionamiento de las teclas "Ctrl - Alt - Sup".
Ruffus, ni caso le hagas.